Informe de Coyuntura Ciudad de Bs. As – Junio 2018

I

Con los últimos sucesos económicos, las perspectivas del 2018 para la Ciudad de Buenos Aires cambiaron. Nos adentramos a un año donde la actividad económica, el nivel de empleo y los ingresos reales de los asalariados, beneficiarios de asignaciones sociales y jubilaciones mostrarían retrocesos.

En este informe analizaremos cuáles son los efectos del nuevo escenario económico sobre los ingresos de los porteños, el presupuesto de la Ciudad y, por último, cómo le afecta esto a los tenedores de créditos UVA.

Destacados

  • Luego de una caída del Producto Bruto Geográfico de 2,3%, la Ciudad creció un 2,7% en 2017.
  • A contramano de las previsiones del presupuesto, que esperaban un crecimiento del 3,5%, la actividad económica presenta rasgos de estancamiento, lo que se refleja en la recaudación del Impuesto a los Ingresos Brutos.
  • La aceleración de la inflación no es acompañada por los aumentos salariales, en el marco de paritarias más ajustadas y con características distintas a las del año pasado.
  • Dado el nuevo contexto económico, hasta septiembre, cuando las asignaciones indexadas por movilidad jubilatoria se actualicen por la inflación de estos meses, la situación de los jubilados continuará mostrando retrocesos.
  • La tasa de desempleo de la Ciudad de 2017 superó a la de 2016 en todos los trimestres.
  • Luego de un 2017 con crecimiento del empleo en algunos sectores, los primeros meses de 2018 presentan un escenario adverso a nivel general.
  • La devaluación impacta sobre las cuentas públicas modificando los cálculos expuestos en el presupuesto. Por la inflación, podríamos ir camino a una nueva ampliación presupuestaria.
  • En el nuevo escenario para 2018, los tenedores de créditos UVA verán más exigidos sus bolsillos ante el aumento de las cuotas.

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2018: ¿Perspectivas de Crecimiento?

Luego de una caída de 2,3% del Producto Bruto de la Ciudad en 2016, donde la industria manufacturera, comercio, intermediación financiera y construcción tuvieron malos desempeños, en 2017 la Ciudad creció un 2,7%, lo cual se reflejó más en el segundo semestre del año.

Para 2018, el Gobierno de la Ciudad calculaba en su presupuesto un crecimiento del 3,5%. Sin embargo, el nuevo contexto macroeconómico, que se destaca por la devaluación del 28% en lo que va del año, cambia significativamente esta previsión.

Para tomar noción del cambio de expectativas para la economía argentina en este año sirve nombrar al resto de las previsiones que hizo el gobierno nacional, que replicó el gobierno de la Ciudad en su presupuesto. Mientras esperaba que la inflación iba a ser del 15,7%, el promedio anual del tipo de cambio $ 19.30. Ya los primeros indicadores del año, anteriores a la corrida cambiaria de la primera quincena de mayo, dan por muertas a estas expectativas.

Lo que ya se empieza a ver

Si bien es difícil determinar cuál será el impacto de los últimos sucesos de la economía, es evidente que el crecimiento de este año será marginal y ni siquiera el venir de un año de crecimiento, como lo fue 2017, alcanzaría para asegurar lo mismo en 2018.

La actividad económica a nivel nacional muestra un estancamiento a partir de febrero. A su vez, para el caso de la Ciudad, podemos tomar a los ingresos del GCBA por el Impuesto a los Ingresos Brutos (IIBB) en términos reales como un estimador del nivel de actividad, ya que su recaudación depende principalmente de ello. Luego de un año en donde el IIBB superó a la inflación en un 2.7% promedio, en el primer cuatrimestre de 2018 la recaudación del impuesto cayó un 2,5% respecto al mismo período del año pasado.

Fuente: Elaboración propia en base a DGEyC

Por los sucesos de estos últimos meses, donde se depreció el peso, la tasa de interés alcanzó al 40%, se expuso más fuertemente la voluntad de ajustar el gasto por parte del gobierno y salió a la luz la fuerte exposición de Argentina frente a shocks externos, se verá afectado tanto el sector de bienes como el de servicios, atado al consumo y donde se concentra el 85% del empleo de la Ciudad.

La construcción también será impactada por el nuevo escenario, aunque aún muestra buenos niveles de crecimiento a nivel nacional. Primero se anunció una reducción de la obra pública nacional, a la que ya le quitaron $ 30.000 millones en el presupuesto, con el objetivo de reducir a una mayor velocidad el déficit fiscal.

Cabe destacar que, en la Ciudad, también se planteó utilizar a la obra pública como mecanismo para equilibrar las cuentas, cuando se presentó un proyecto de ley del Poder Ejecutivo para quitarle el Impuesto a los Ingresos Brutos a las facturas de los servicios públicos que pagan los consumidores. Esto podría adelantar cuáles pueden ser las determinaciones que tome el GCBA para lograr el objetivo de déficit cero que se propuso para 2018.

A su vez, dentro del ámbito privado habrá que ver cómo afecta este nuevo escenario a la construcción de viviendas, un sector que estuvo muy apalancado por los créditos hipotecarios UVA. Este tipo de créditos eran más seductores bajo el supuesto de que la inflación se iba a estabilizar y que los salarios acompañarían a la inflación, ambos puntos seriamente cuestionados en el último tiempo.

Un peor desempeño del sector de la construcción también perjudicaría al sector financiero e inmobiliario por la posible reducción en el crecimiento de los créditos hipotecarios e inmobiliario, lo que resulta fundamental a la hora de pensar el funcionamiento del mercado laboral porteño, donde una importante parte de los trabajadores dedican sus horas a estos sectores.

Es importante decir también que, las altas tasas de interés impuestas a partir de la corrida cambiaria tampoco colaboran al desarrollo del mercado crediticio en general, que involucra préstamos personales y prendarios además de los hipotecarios, lo que también afecta al sector financiero.

Precios mata ingresos

Uno de los factores más importantes que explicarían el menor crecimiento de la economía en la Ciudad durante 2018 tiene que ver con el deterioro del nivel de ingreso de los porteños, que viene profundizándose desde fines de 2017 con la aceleración de la inflación.

Previo a la corrida cambiaria, era previsible que durante el primer semestre se produzca una caída del poder adquisitivo, ya que los incrementos salariales escalonados irían a un ritmo inferior que la inflación. Esta variable tomó un fuerte impulso inicial con la devaluación del 14,2% (de $ 17.50 a $ 20) y los aumentos de las tarifas de luz, agua, gas, transporte y combustibles.

Al mismo tiempo y en el marco de esta primera devaluación, el gobierno presionó sobre las paritarias con el aparente objetivo de fijar las expectativas de inflación a la baja. La búsqueda fue la de cerrar acuerdos en torno al 15% de aumento. Para lograr dicho objetivo, desde el gobierno accedieron a gatillar las cláusulas de 2017, que implicaban aumentos en los primeros meses de este año en algunos sectores. Tal es el caso de comercio y bancarios, dos sectores representativos de una parte importante de la actividad económica porteña.

La pelea salarios versus precios se recrudeció con los sucesos de las últimas semanas, que llevaron el dólar a los $ 25 y la tasa de interés al 40%, lo cual se expresa en una mayor inflación esperada, que se prevé que supere los niveles del año pasado. A su vez, el gobierno se afirma en sostener los aumentos tarifarios estipulados, lo que continuaría impactando sobre los precios en los meses próximos.

Así es que, mientras que antes de la corrida cambiaria se esperaba que la inflación se estabilice para el segundo semestre, ubicándose en niveles similares a los del último semestre de 2017, este escenario comienza a ser cuestionado.

El nuevo contexto pone en tela de juicio cuál será el traslado de la devaluación y aumento tarifario a precios, lo que siempre depende de cómo se encuentre la demanda. Con esto nos referimos a que la capacidad que tienen las empresas de trasladar a precios su mayor costo depende también de las variaciones que tenga el poder adquisitivo.

La búsqueda del gobierno de pautar paritarias a la baja, más los cambios en la determinación de los montos de las jubilaciones y asignaciones sociales, hacen que el espacio para poder remarcar precios se reduzca.

Precios en modo ON

Como se planteó, existen dos factores que fogonean a la inflación este año. El primero de ellos es el aumento de las tarifas, que tiene un impacto rápido sobre los precios. En transporte, luego de los incrementos de abril, en junio se acerca la segunda tanda en trenes, colectivos y subte que llevarán sus boletos mínimos a $6,75, $ 10 y $ 12.50, respectivamente.

Luego de los incrementos en luz y agua, en abril se efectivizó el segundo aumento del 32% en gas, lo que impactará más en los meses fríos y, tomando en cuenta al aumento de diciembre, el incremento llegaría a una cifra cercana al 100%.

Como se puede ver en el siguiente gráfico, el incremento de los servicios públicos y transporte siempre han tenido un efecto de segunda ronda sobre la inflación núcleo. La intensidad que tenga el aumento de los servicios regulados sobre la inflación en general puede ser mayor o menor y con distinta temporalidad, dependiendo del estado de la demanda interna, entre otros factores.

Fuente: Elaboración propia IPCBA

Lo mismo corre para el traslado del incremento del valor del dólar, y parte de los incrementos de la inflación núcleo de este año se debe a ello. Uno de los problemas más grandes de Argentina en torno a este tema es que el aumento de precios luego de una devaluación se generalice a toda la economía y no sólo a aquellos bienes que tienen insumos importados.

Salarios en modo OFF

En términos generales, los salarios de los porteños perdieron en 2016 (-5,1%) y ganaron en 2017 (+2%). Así, el salario normal y permanente promedio de la Ciudad de Buenos Aires quedó el año pasado un 3,1% por debajo del nivel de 2015. Cabe destacar que estas variaciones son válidas a nivel promedio de la Ciudad, habiendo numerosos sectores que perdieron con la inflación en 2017.

Remuneraciones y jubilaciones en términos reales (variación interanual)

Fuente: elaboración propia en base a desestacionalización de remuneración normal CABA del MTEySS

Los incrementos de los niveles de inflación desde diciembre del año pasado hicieron que los precios se encuentren creciendo por encima de los ingresos. Como puede verse en el gráfico, en 2017 los trabajadores vieron crecer sus ingresos a una tasa que fue cayendo desde el 30% al 25% entre mayo y diciembre del año pasado, mientras que los precios crecían a un ritmo estable del 25% durante ese período. A partir de ahí, mientras que los precios volvieron a tomar una dinámica alcista, los ingresos quedaron estancados.

Fuente: elaboración propia en base a desestacionalización de remuneraciones del SIPA-MTEySS

La dinámica esperada para 2018 arroja malas perspectivas para los trabajadores. Mientras se espera que los precios aumenten en proporciones similares a los de 2017, los acuerdos paritarios muestran una desmejora respecto a los del año pasado.

En primer lugar, mientras que en 2017 la búsqueda del Ministerio de Trabajo era fijar aumentos al 20%, este año se intentó lo mismo al 15%. Si bien en ambos casos los incrementos efectivos fueron superiores a esas cifras, resulta un buen dato para comprender los objetivos que se planteó el gobierno en torno a la evolución de los ingresos.

Hay tres puntos de los acuerdos de 2017 que posibilitaron cierta mejora del salario real en promedio. Por un lado, veníamos de un 2016 de alta inflación. En muchos casos, las últimas cuotas de aumento de las paritarias de aquel año se dieron adentrado el segundo semestre, cuando la aceleración de los precios se había aminorado. En segundo lugar, en 2016 muchos de los acuerdos de paritarias involucraron cláusulas gatillo, que se ejecutaron en los primeros meses del año pasado y algunos casos eran remunerativas. Por último, las expectativas de crecimiento económico y el vínculo entre la economía y la política de todo año electoral llevaron a que el gobierno imponga una menor presión sobre las paritarias.

A diferencia del 2017, este año dos de estos tres puntos no se cumplen. La inflación de este año sería similar a la del año pasado, lo que no da lugar a una inercia positiva sobre el salario y en el marco de la devaluación, el gobierno intentó que la variable más sensible para los trabajadores sea utilizada como mecanismo para fijar las expectativas de inflación al 15%. Lo que se repitió respecto al año pasado es la ejecución de cláusulas gatillo, que hicieron que este año muchas de las discusiones salariales anteriores al último salto del dólar respeten el 15% pero sobre una base que incluía aumentos en los primeros meses del año.

Por otra parte, cabe destacar que estos nuevos acuerdos sólo plantean la reapertura de la mesa de negociación para discutir salarios si la inflación supera cierto umbral, pero no gatilla un aumento como en acuerdos anteriores.

Ahora bien, pasada la devaluación que llevó al dólar a valer $ 25, las posturas de los sindicatos con relación a los acuerdos al 15% se ha endurecido y en algunos casos ya se ha logrado superar ese umbral. Hace pocos días, el Sindicato de Sanidad, que ya había logrado la ejecución de la cláusula gatillo por 4,8 p.p en enero luego de una paritaria en 2017 con un aumento del 22% en tres cuotas, logró para 2018 un incremento del 20%.

Esto último resulta un indicador importante no sólo para los acuerdos que no cerraron sino para los que sí lo hicieron, cuya capacidad de negociación mejora.

Los resultados de las mesas de negociación que se abran y de los acuerdos paritarios aún no firmados estarán sujetos al desarrollo de la puja distributiva de aquí en adelante, con un gobierno que avanza con un ajuste fiscal y una actividad económica que empieza a mostrar pobres resultados.

Jubilados: chapados a la antigua  inflación

Las jubilaciones y asignaciones sociales sólo recuperaron un 0.9% de poder adquisitivo en 2017, luego de perder un 7,2% en 2016. Por lo tanto, los jubilados están ganando un 6,3% menos que en el promedio de 2015. Cabe destacar también que el año pasado desde el gobierno se ofrecieron créditos para los beneficiarios de estas políticas, cuyo pago se realizaba en cuotas sobre los pagos que ANSES les realiza mensualmente. Esto mejoró la situación en 2017 pero impactará negativamente sobre 2018.

El nuevo mecanismo de aumento jubilatorio tuvo su primer efecto sobre los incrementos de marzo de este año, cuando en vez de aumentar alrededor de un 14%, lo hicieron sólo en un 5,7%.

A su vez, el rezago entre el período que se toma en cuenta para calcular los aumentos y el presente implica que recién con los incrementos de septiembre y diciembre de este año se comiencen a actualizar estas asignaciones según la inflación del primer semestre del año, que fue del 2,3% (31,3% anualizada) en los primeros cuatro meses del año.

Aumentos de las prestaciones indexadas a la ley de movilidad

*se calcula una inflación de 2,5% para mayo y 2% en junio – Fuente: Elaboración propia en base a Remuneraciones publicadas por el MTEySS y IPCBA

Por lo tanto, los jubilados y beneficiarios de asignaciones sociales están atravesando estos meses de alta inflación con montos indexados a la inflación del segundo semestre del año pasado, la que fue menor a la actual. A su vez, la reforma aplicada a fines de 2017 hizo que el ajuste se realice en dos tramos (marzo y junio), lo que empeora la situación.

Así es que, en el primer semestre de 2018, las jubilaciones y asignaciones sociales cayeron un 4% en términos reales en comparación al último semestre de 2017 y se encuentran muy cerca del nivel del 3er trimestre de 2016, el peor momento del macrismo en materia de ingresos. Suponiendo una inflación de 28,8% promedio para este año, en el tercer trimestre del año la jubilación mínima estaría 2% por debajo del peor momento de 2016 y sería 13% menor a la del cuarto trimestre de 2015.

La situación mejoraría recién a partir de septiembre, cuando estas prestaciones se indexen según la inflación y aumentos salariales de los primeros meses de este año, siempre que la inflación deje de acelerarse.

Fuente: elaboración propia en base a IPCBA y MTEySS

El empleo empeora

Como se detalló en el informe anterior, en 2017 la cantidad de trabajadores registrados superó a la de 2015. Sin embargo, lo hizo por debajo del crecimiento poblacional.
Si miramos todo el 2017, el crecimiento del empleo estuvo reflejado en el sector del comercio, enseñanza y salud y en la recuperación de la construcción, mientras que se mantuvo estable en servicios financieros e inmobiliarios, que aglomera a alrededor del 30% del total del empleo formal en la Ciudad.  A su vez, el año pasado estuvo signado por una caída en la cantidad de puestos laborales en el sector transporte e industria manufacturera.

Fuente: Elaboración propia en base a DGEyC

La creciente tasa de desempleo

Sin embargo, el nivel de desempleo superó en todos los trimestres al de 2016, lo que se debió a que los nuevos puestos laborales fueron insuficientes para satisfacer a la demanda laboral, compuesta por individuos que se incorporaron este año al mercado.

Al analizar el desempleo por zona, los trabajadores del norte, centro y sur de la Ciudad trabajan en distintos sectores en términos proporcionales, debido sobre todo a características de índole educativa. Por dar algunos ejemplos, mientras que en el norte un 35% de trabajadores se dedican a actividades financieras, inmobiliarias y brindar servicios a empresas, en el sur dicha proporción alcanza al 16% del total de ocupados. También en el sur hay más trabajadores volcados a la construcción, industria, transporte y servicio doméstico.

La situación en el sur fue más grave en los primeros trimestres del año, cuando la tasa de desocupación alcanzó al 16,9% de los ocupados activos. En aquel momento todavía no aparecía la reactivación en la construcción mientras que seguía cayendo el empleo en el sector de transporte e industria manufacturera y estaba estancado el empleo en servicios de enseñanza, salud y comunitarios.

Al cuarto trimestre, la mayoría de estos sectores mejoraron algo su rendimiento en comparación al segundo trimestre, con excepción del manufacturero, lo cual, sumado al crecimiento estacional del comercio, hicieron que la tasa de desempleo se reduzca al 10,2% en el sur de la Ciudad.

Por su parte en el norte, el estancamiento en el crecimiento del empleo en servicios financieros e inmobiliarios impactó sobre la tasa de desempleo en la zona, que alcanzó al 6% en el cuarto trimestre, por encima del nivel del mismo período de 2016 (+ 4.5%).

Cabe destacar que. en el promedio de 2016, en el norte no se verificó una caída en la tasa de desempleo en comparación a 2015, cayendo del 6% al 5,7%. Como contra cara de ello, el 2017 estuvo signado por un incremento de esta tasa, que pasó al 6,6%.

Fuente: Elaboración propia en base a DGEyC

Empeoramiento generalizado

Del mismo modo que se observa un estancamiento de la actividad económica, en donde se asocia al crecimiento económico de este año con el arrastre estadístico por el desempeño positivo del 2017, en el empleo se registra un escenario similar.

La tasa de crecimiento del nivel de empleo resulta muy inferior a la de los últimos meses del año pasado y todos los sectores más importantes han perdido empleo en comparación al cuarto trimestre de 2017. Si comparamos con los primeros tres meses del año pasado, donde no hay estacionalidad, vemos que, a partir de marzo, con excepción de la construcción, que hasta aquel momento no terminaba de despegar y servicios sociales, se está perdiendo empleo en todos los demás rubros.

Variación i.a del empleo formal privado por sector económico (proporción del empleo privado total)

Fuente: elaboración propia en base a DGEyC

Tal como se ha destacado en numerosos informes acerca de empleo, el crecimiento del sector construcción y servicios sociales y la caída en industria y actividades financieras y servicios inmobiliarios y a empresas implica un traslado del trabajo desde sectores de salarios más altos a otros cuyo promedio es inferior y donde también hay mayor informalidad.

El reflejo del nuevo contexto sobre las cuentas públicas de la Ciudad

El presupuesto 2018 fue realizado sobre la expectativa de que el Producto Bruto Geográfico de la Ciudad crezca un 3,5%, la inflación sea del 15,7% y el tipo de cambio promedio de $ 19,30. A contramano de estos números, las previsiones nacionales arrojan dudas acerca del crecimiento y esperan que la inflación se acomode en niveles similares a los de 2017.

Estos cambios de perspectiva respecto a las variables macro implican también nuevos cálculos sobre las cuentas fiscales de la Ciudad. En cuanto a Ingresos Brutos, el más importante en la recaudación, perderá recaudación por caída de actividad, aunque obtendrá un saldo positivo por la mayor inflación. Como vimos en la primera sección del informe, en los primeros cuatro meses del año se encontró un 2,5% por debajo del crecimiento del IPCBA, cuando en el último cuatrimestre de 2017 esta diferencia era positiva y de 13 p.p.

Por su parte, los impuestos vinculados a la propiedad tanto de propiedades como vehículos también presentan otro escenario. En cuanto al ABL e Impuesto Inmobiliario, si suponemos constante la cantidad de partidas, sufriría una caída en términos reales finalizado el año ya que se fijó un aumento del 23,4% con el presupuesto aprobado en 2017.

Por último, las transferencias por coparticipación, principalmente conformada por IVA y Ganancias, también crecerá en el marco de mayores niveles de inflación.

Del otro lado, si bien en menor cuantía que a nivel nacional, el gasto porteño se encuentra indexado a la inflación. Tanto la obra pública como algunos contratos importantes tales como el de la basura o concesiones como la del subterráneo actualizarán sus valores a la nueva inflación.

Por lo tanto, es de esperar que al igual que todos los años vuelva a ingresar un proyecto que involucre una ampliación presupuestaria, recalculando todos estos factores. La última de 2017 de $ 12.211 mil millones había sido de las más pequeñas en proporción al gasto total.

A su vez, es probable que el sostenimiento del nivel de inflación pueda favorecer a la Ciudad en su objetivo de eliminar el déficit fiscal.

El efecto sobre la deuda

Como efecto directo, la Ciudad de Buenos Aires deberá destinar una mayor cantidad de pesos para el pago de intereses y amortizaciones de deuda. Al primer trimestre de 2018, la Ciudad debe pagar U$S 119 millones y $ 6.147 millones de intereses y U$S 63,5 millones, € 11,3 millones y $ 417 millones de amortizaciones de deuda, correspondientes a 2018. A tal fin, esperaba destinar $ 10.593 millones.

Si medimos en dólares, la Ciudad de Buenos Aires posee un stock de deuda de U$S 3.089 millones, la cual está compuesta en un 57% en obligaciones en moneda extranjera. Cabe destacar que en los últimos años dicha proporción se redujo desde el 88,3%, valor correspondiente al 2015.

Stock de deuda en millones de pesos, dólares y euros

Fuente: elaboración propia en base a cuentas de inversión y ejecución presupuestaria 1er trimestre

Si bien se redujo la proporción de deuda en moneda extranjera, la devaluación impactará en la necesidad de más pesos para poder afrontar la deuda en dólares. En este sentido, la evolución del dólar que alcanzó los $ 25 implica que la Ciudad necesitará de $ 1.000 millones más para este fin.

Dossier: Uvas apretadas

En 2017 y en los primeros meses de 2018, la dinámica del mercado inmobiliario y de construcción estuvo vinculado al auge del crédito hipotecario, sobre todo del que se encuentra indexado a las UVAs.

La Ciudad de Buenos Aires se caracteriza por haber tenido una “inquilinización” en los últimos años. Hasta 2015, el proceso de crecimiento de los ingresos reales no estuvo acompañado por políticas que facilitaran el acceso a la vivienda propia en la Ciudad. Mientras que el ProCreAr casi no se implementó en el distrito, los créditos que ofrecía el mercado implicaban cuotas iniciales demasiado altas.

Por lo tanto, mientras se daba un crecimiento en la cantidad de hogares, impulsados por individuos y parejas que podían acceder a independizarse, esto no implicaba un cambio de manos en las propiedades.

Así es que mientras, en 2013 un 32,1% de los hogares alquilaba, en 2015 esa proporción alcanzó al 35,2% del total de la población. A partir de 2017 se dio un descenso marginal, que en los dos quintiles más altos podría estar asociado al auge de los créditos UVA, lo que se dio sobre todo el año pasado.

Como consecuencia de lo planteado, en la Ciudad hay una proporción de porteños de medianos y altos ingresos que a pesar de poseer capacidad de ahorro no lograron acceder a la vivienda propia. En efecto, en los dos quintiles más alto de ingresos per cápita familiar, hay un 34% que alquila. Se presume que estos son algunos de los motivos que explican por qué se habla tanto de los créditos UVA en la Ciudad, ya que podrían ser una herramienta que reduzca la proporción de inquilinos en la Ciudad.

Un ejemplo

Si tomamos como ejemplo a un trabajador del sector comercio de la Ciudad y la paritaria firmada para este año, que implicó incrementos del 2% en enero, febrero y marzo y un incremento salarial del 15% para 2018 en dos tramos (abril y agosto), el crédito UVA representará en el primer semestre un 3% más de sus ingresos en comparación al último semestre de 2017, sin tener en cuenta los aguinaldos.

Ahora bien, al mismo tiempo sucede otro evento en la Ciudad y es que los alquileres continúan creciendo por encima de la inflación. Esto resulta determinante en la cuenta que hace quien obtuvo un crédito a corto plazo.

Según los datos de la Ciudad, en el primer trimestre de 2018 el precio de los alquileres creció a una tasa promedio del 33,6% anual en el primer trimestre del año, casi 8 p.p por encima de la inflación porteña.

Fuente: Elaboración propia en base a DGEyC

El nuevo clima de incertidumbre acerca del desenvolvimiento de las variables macro, sobre todo en cuanto a inflación y valor del dólar son un factor clave para comprender estos últimos incrementos en el precio de los alquileres. Esto se debe a que, a la hora de firmar el contrato de alquiler, el propietario debe tener un supuesto acerca de cómo será la inflación de los próximos dos años, algo bastante difícil de predecir, lo cual debería llevar el precio a subir. A su vez, lógicamente, estamos en un contexto donde ambas variables vienen recalibrándose al alza.

Por el lado de los créditos UVA, Si bien hasta el primer trimestre habían crecido un 150% respecto al mismo período de 2017, quedaron en los mismos niveles que el último trimestre del año pasado. En este nuevo contexto más volátil que surge a partir de mayo, será interesante poner atención en el desenvolvimiento de los créditos UVA.

 

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