El contexto de la corrida y el retorno al FMI

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La forma y el momento en que se dio el anuncio de negociar un préstamo con el FMI fue sorpresivo. Lo que no era nada sorpresiva era la vulnerabilidad externa del esquema económico macrista, la cual lleva precisamente a recurrir al FMI, un prestamista de última instancia.

El macrismo diseñó un esquema macroeconómico basado en la eliminación de los controles del mercado de cambios, la liberalización de la cuenta capital -la libre entrada y salida de fondos del exterior-, corrección de precios relativos claves -ej. tarifazos- y apertura gradual pero progresiva a las importaciones, con la apuesta a un crecimiento traccionado por la inversión. El elemento clave que le otorga viabilidad a este modelo en el corto plazo es el endeudamiento externo, que junto a la entrada de inversiones financieras del exterior permitan cubrir el vertiginoso aumento del déficit de cuenta corriente que el mismo esquema genera.

En el 2017, la cuenta corriente del balance de pagos alcanzó un déficit de 4,8% del PBI, fuerte deterioro respecto al rojo de 2,7% en 2016, registrando el mayor saldo negativo en 20 años. Las perspectivas de una reducción significativa en dicho déficit eran bastante bajas en el propio escenario de funcionamiento del esquema macrista: si la economía crece, aunque sea muy modestamente, la balanza comercial va a aumentar su déficit por las mayores importaciones de bienes finales, insumos y bienes de capital. Por el lado de los servicios, el déficit de turismo no para de aumentar y alcanza niveles récord, al aumentar el nivel de actividad es presumible un aumento de las utilidades y dividendos de las empresas extranjeras radicadas en el país, mientras que el aumento del endeudamiento incrementa la salida por pagos de intereses.

En el 2017, la cuenta corriente del balance de pagos alcanzó un déficit de 4,8% del PBI, fuerte deterioro respecto al rojo de 2,7% en 2016, registrando el mayor saldo negativo en 20 años.

Si a lo anterior le sumamos los vencimientos de capital de la deuda, el gobierno necesita conseguir entre 50 y 60 mil millones de dólares por año para sostener el esquema, dólares que obtiene en mayor medida con endeudamiento externo y también con el ingreso de fondos especulativos -los llamados “capitales golondrina”-. Todo esto para sostener un modelo que en caso de ser exitoso generaría un crecimiento modesto de 2-3% anual del PBI -cuasi-estancamiento del PBI per cápita-, con enormes dificultades para reducir la inflación, incapaz de generar crecimiento del empleo de calidad, y engendrando una potencial crisis del sector externo.

Para que este esquema de modestos resultados camine se tenían que alinear un conjunto de factores de internos y externos, y las tensiones, más temprano que tarde, aparecieron. En el plano local, en diciembre comenzó a cambiar el escenario con la mayor inflación producto de los aumentos tarifarios y una primara suba del dólar, a lo se sumó el cambió de metas de inflación, que se interpretó como un escenario futuro de tasas de interés más bajas y la convalidación de un dólar más alto. Los meses siguientes se caracterizarían por el traslado a precios del aumento del tipo de cambio, empujando al BCRA a tener que intervenir en el mercado cambios para atenuar una devaluación mayor -contradiciendo su discurso de libre flotación cambiaria-.

En paralelo fue cambiando el panorama internacional. Un primer punto por resaltar es que no se trató ni de un cambio brusco ni mucho menos sorpresivo, hace años que se espera el fin del ciclo de abundante liquidez y bajas tasas de interés en los países centrales, en la medida que la economía de Estados Unidos se fue recuperando de la crisis de 2008/2009 y se fueron retirando -muy gradualmente- los estímulos monetarios. A fines de enero y principios de febrero el deterioro de las condiciones financieras internacionales se comenzó a manifestar con mayor agudeza luego de un ajuste a la baja de los mercados bursátiles y del incremento de la tasa de interés del bono del tesoro a 10 años de EEUU hasta 2,80%. Desde ese momento en adelante Argentina no logró volver a colocar deuda en los mercados internacionales -solo logró un repo a corto plazo con el banco HSBC-.

Ya con nuevas autoridades en la Reserva Federal de EEUU, en abril se dio un nuevo episodio de esta saga, la tasa de interés del bono del tesoro llegó a 3%, y se produjo el clásico reflujo de capitales de países emergentes hacia el centro. Así, el dólar se fortaleció frente a las monedas de la región, pero en la Argentina sucedió con bastante mayor amplitud. ¿Por qué? La dinámica interna se acopló con la externa. Ante el aumento de tasas en EEUU y la próxima entrada en vigencia del impuesta a renta financiera algunos fondos de inversión decidieron tomar ganancias, vendieron sus instrumentos en pesos -Lebacs-, compraron dólares y salieron. Había comenzado la corrida. A partir de ahí, el errático comportamiento del BCRA y el gobierno en general, las ventas de dólares que no alcanzaban, una primera suba de tasas, anuncios de mayor ajuste fiscal, una nueva suba tasas, obligación a los bancos para que vendan dólares, intervención del dólar futuro, y el dólar no paraba, a esta altura la corrida se fogoneaba por los actores internos.

Y llegó el punto inflexión, pero no en la corrida, que continuó, sino en el panorama político y económico. El anuncio del gobierno de recurrir al FMI. Más allá de cierto maquillaje de la situación –“es un nuevo FMI, distinto del que recordamos”-, lo cierto hasta ahora es que siempre los acuerdos con el Fondo vinieron acompañados de mayor ajuste fiscal (en obra pública, salarios, jubilaciones), devaluación y mayores tasas de interés. Habrá que ver si con esto el gobierno logra ganar tiempo y evitar un ajuste de magnitud antes de las elecciones de 2019 o si estamos a la puerta de una nueva recesión, pero lo cierto es que se limitó significativamente el margen de maniobra en la política económica. Sea quien sea quién esté al mando del gabinete económico -Jefatura de Gabinete, Hacienda, Finanzas o el BCRA-, desde ahora a pedir permiso y dar explicaciones en Washington.

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